- Novedad
Las primeras comunidades cristianas surgían y crecían en torno a la Palabra de Dios y al kerigma, realizando un catecumenado, hasta ser introducidos en las aguas del bautismo y recibir como un tesoro la vida nueva en Cristo Jesús.
En nuestro hoy: “Dios, que habló en otros tiempos, sigue conversando siempre con la esposa de su Hijo amado; y el Espíritu santo, por quien la voz viva del Evangelio resuena en la Iglesia, y por ella en el mundo, va introduciendo a los fieles en la verdad plena, y hace que habite en ellos intensamente la Palabra de Cristo” (VD 51).
Sin embargo, algunos, querido lector, piensan que la Biblia es un viejo libro, desconocen que es un lugar privilegiado de encuentro con el Dios vivo y fuente de agua viva.
Mi deseo es que tantos bautizados que engrosan las filas de la indiferencia, redescubran la alegría y la novedad de Cristo y de su Palabra. A los que la fatiga, cuajada de cansancio y escepticismo, les hace debilitar su compromiso cristiano, sé que la Escritura Santa tiene una fuerza tonificadora, que les devuelve ánimo vital, en medio de las muchas luchas diarias.
Espero que la Carta a los Hebreos y estas páginas te ayuden a redescubrir el tesoro de nuestro bautismo. Déjate conmover por los verbos de la misericordia que aparecen en el texto, déjate sorprender por las frases que reflejen el rostro de Dios, por las páginas que como una caricia te den serenidad, por aquellas que te golpeen como una ráfaga de viento, o por las que iluminen tu vida como un relámpago en la oscuridad y por las que te alimenten cada momento del día.