El gran medio de la oración

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Para San Alfonso orar era salvarse. En el centro de la oración que salva hay confianza, apertura, transformación.

 

 

Nos pide que al orar pongamos el corazón en Dios. Eso nos salva: no dejar que nuestro corazón se cierre. Así permitimos en nosotros la adoración, el agradecimiento y la súplica.

Queriendo ser popular, San Alfonso consigue simplificar esto hasta asumir la totalidad de al vida al decir:

"Señor mío, tan misericordia de mí".

Esto basta. Así es posible conseguir un espíritu de continua oración que nos revela el Reino aquí.

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Ficha técnica

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208